Alemania revisa su política de inmigración ante el aumento de refugiados y de ataques xenófobos
La inmigración se ha convertido en un quebradero de cabeza para los políticos alemanes este verano. Datos recientes del auge de la violencia xenófoba, la reaparición mediática del grupo anti-inmigración de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida, por sus siglas en alemán), el creciente flujo de demandantes de asilo así como la aparente necesidad de una nueva ley de inmigración está generando en Alemania un debate político de notable intensidad y de final tan incierto como el futuro de quienes vienen a Europa huyendo de las miserias de sus países.
Solo en la primera mitad de este año, las autoridades germanas han contado 202 ataques xenófobos contra refugiados. Si este tipo de agresiones continúan a su ritmo actual doblarán los 203 ataques registrados el año pasado. Entre esos actos violentos se cuenta el lanzamiento de objetos incendiarios a la puerta de una casa de refugiados, tirar piedras contra esos hogares o agresiones físicas. Asociados a esta actitud xenófoba también están los disturbios en que acabó hace unos días en Dresde (este germano) una manifestación de miembros de la formación política neonazi Partido Nacionaldemócratico de Alemania (NPD) contra de la llegada de 800 refugiados a esa ciudad. En esa manifestación volvieron a escucharse proclamas típicas de Pegida tales como: «Ama Alemania o déjala Alemania».
Hay expertos que indican que esta violencia forma parte del «proceso de normalización» y de adaptación de Alemania a la realidad migratoria del siglo XXI. Sin embargo, el actual ritmo al que están llegando a suelo germano los refugiados –se espera que este año se alcance la cifra récord de 450.000 personas, el doble que en 2014– y las reacciones de los políticos ante este fenómeno dan cuenta de una situación algo excepcional. Tanto es así que ya abundan en la clase política quienes se han manifestado a favor o en contra de la aprobación de una nueva ley de inmigración.
«El Partido Socialdemócrata (SPD) está a favor de la ley, la Unión Cristiano Demócrata de Angela Merkel también, aunque desde hace menos de una semana, sin embargo, la también conservadora Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) todavía está en contra», aclara a eldiario.es Claudia Walther, investigadora centrada en temas de inmigración e integración para la Fundación Bertelsmann.
Este debate parece estar lejos de haber acabado. Al menos así lo planteaba el periodista Berthold Kohler en un reciente editorial del diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung. «Si Alemania quiere seguir siendo un país de inmigración, entonces debe comportarse como tal», pero «para eso uno tiene que saber para qué ha de ser buena la inmigración» y «en la política alemana las ideas son dispares», se leía en dicho periódico.
Pese a que Alemania lleva tiempo en una preocupante crisis demográfica que le podría hacer perder 13 millones de habitantes de aquí a 2060 debido al envejecimiento de su población, «sólo desde principios de este siglo es oficial esa apreciación de que éste es un país de inmigración», según Walther. «Además, en Alemania existe entre los políticos un cierto temor a desbordar a la población con el tema de la inmigración», agrega. En su entrevista con este periódico, esta investigadora recuerda que la clase política alemana «no fue muy valiente» frente a la ola de violencia xenófoba contra refugiados protagonizada por neonazis y extremistas de ultraderecha en los años noventa. La reacción política entonces fue restringir severamente el derecho de asilo que hasta 1993 reconocía la Constitución de Alemania.
Fuente: ElDiario.es (CC)